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06 junio, 2014

TANATOGRAFÍA DE LAS GACELAS EN MI QUEJIDO





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Vengo trotando bajo el amparo de un amoxtli, sobre la sabiduría de la ponzoña. Describo mi vida con la mirada posada sobre el agua del Usumacinta. Cada 365 madrugadas agradezco con una oración. Por el permiso que tiene mi cuerpo para conocer la desventura antes del regreso. Para padecer el paro cardíaco de la existencia.





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Ballena Neanderthal. Eres como el inicio de una biografía del ADN. A la cual se regresa en estado de coma. Bailando. Escurriendo sudor por las ojeras. Al hincarse para rezar los ángeles desean tu rostro tatuado en la ingle. Nos parecemos tanto en ese sentido. Ambos podríamos llorar hasta darle 50m de altura a los ahuehuetes. Te extraño goma de mascar. Ahora quisiera que mi niñez atara sus plumones a mis costillas imitando a Jehová. Para que de ellas naciera su mejor amigo.




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Con el rifle dirigiéndose al centro de las montañas, recién salí a caminar. Preparado con el equipaje que sobró a mis padres al separarse. Del lado derecho por la carretera, del lado en que las venas se untan al corazón, del lado en que los valientes reciben la noche.




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Te decía con un pájaro aleteando en mis dientes, te decía antes y después de que oscureciera la mañana: los monstruos no existen, no existen de veras, porque de existir irían bajo los ríos abrazados a algún elefante o a una tristeza de mantarraya, gruñendo por el juguete que extraviaron.





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Los tigres devoran. Su túnica sirve para adornar las pisadas de un soberano. El colmillo que se te encaja, no es un recuerdo de amistad entre tu bondad y su gruñido. Es el camino por el que inicia una úlcera en tus venas. Requerirás un trasplante para aligerar el brete. Pero no habrá quien done vísceras sin tener heridas. Todos los tonalli se van quebrando, dejando que los alfileres del resentimiento acupunturen con salva los pliegues. Puedes comenzar a practicar la oración, tal vez sea lo mejor para agradarle a la muerte. Ora para que tu cuerpo no se resista al mirarla. Practica el ayuno y lacérate. Marca las prevaricaciones de quien te ama en tu cuerpo. Estampa en ti la ternura de quien te odia. Habla con el patriarca de los tigres, ofrécele tu falda para que nadie sino sólo él hurgue en tu lamento.


  


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Vestí mi rostro del mismo paño que vuestra menstruación para coronarme con los diamantes del cielo. Atados forman la silueta de los manatíes. Atados dirigen un presente sacado de mis entrañas. Vestí mis pies con el mismo vendaje de Lemos antes de la gangrena, sencillo, cubriendo el mástil donde pendulan las águilas. Vestí mi glúteos como el glaucoma viste los ojos, con el mismo amor que su blancura pone en la diabetes. Te celebro. Tomo una esquina para mostrarme. Te celebro. Me descuelgo de los maderos. Te celebro. Doblo una rodilla para ceñir los muslos. Te celebro. Como una concha que se abre para entregar su perla, te doy a beber de estos pulmones, de estos pulmones, de estos pulmones.






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Pero quién encontró el átomo, quién aprendió a nadarte sin mencionar el légamo en vuestros epígrafes, un pensamiento de miles de generaciones silenciosas, flores de naftalina brillando, haciendo una cronología de las bacterias a través del claror del anochecer.




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Yo comí del madrigal del miedo y me salió este menosprecio de regalo, me dije es comestible o es para incinerarse, decidí comerlo y que pudieras leerlo desde mis órganos.




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Nos preguntaron por qué lo hicimos, pero no podríamos responder con los labios rotos, así que emprendimos un regreso a la furia materna, al amnios natal que nos unía desde hace siglos, porque regresar era y será algo maravilloso que se llamaba y llamará vida.  




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Antes de nacer decidimos y decidiremos escribir. Pero escribir no fue ni será posible. Somos las mujeres que pintan venados con su sangre en las grutas. Es triste quisiera decirlo pero no es cierto. Es tan alegre como la herida hippie que nos persigue. Coloreamos antílopes para no parir asesinos.



Sobre “Tanatografía de las gacelas en mi quejido”*


Esta serie de textos fueron creados, mejor dicho co-creados, bajo diversas técnicas de escritura automática, que también podrían llamarse reescrituras o retratos. Me explico por partes en seguida.

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Cada uno fue realizado a partir de vivir la detonación corporal y emocional, al estar en contacto con una imagen, una película, un texto, e incluso un estado de Facebook, de tal forma que mi situación anímica se integró a ellos a la vez que les integré a mí. En ocasiones recurro a vocablos nahuas[1].

Digo co-creación, pues en primera instancia todo ya está dado por el lenguaje, incluso aquello que no es entendible bajo el mecanismo de la escritura o el habla. Uno participa de la experiencia creativa, pero en diversas formas, a veces simultáneamente en todas, a vece sólo como transmisor o canal de algo que necesita ser extendido para enunciarse. Por ejemplo, los balbuceos, las onomatopeyas retomadas en la poesía por los futuristas[2] y el movimiento Dadá[3]. Estos ya eran cuando Hugo Ball o Tristan Tzara los hicieron parte de su proceso antiarte. Hay un sinfín de comparaciones entre ello y los sonidos que se emiten naturalmente al gruñir, roncar, gritar, tartamudear, etcétera. Esta fue una co-creación de los futuristas y dadaístas con la parte gutural del ser humano. De igual forma es que hice en estos textos, co-creé con otras obras, con sus autores.

Al co-crear, la responsabilidad, la autoría de la pieza, no me pertenece sólo a mí, sino a todos los actores, que bien pueden ser, desde mi punto de vista, básicamente tres: el contexto, el público y el detonador.

Para el primer caso, el contexto, es eso que da la posibilidad de que la obra exista y que, además, propone la situación en la que ha de ocurrir, por ejemplo, un conflicto armado en una nación. Indudablemente esto envolverá el proceso creativo, y no por ello quiere decir que se va hablar del tema en la obra, pero sí que forma parte.

En nuestro caso mexicano, para hablar de los precursores de la vanguardia, los estridentistas[4] propusieron una escritura rápida, maquinal, que se emancipaba de los héroes patrios, a la vez que daba la bienvenida, similar al futurismo, a la velocidad y el progreso tecnológico y al cosmopolitanismo, “destinada a llenar una función espiritual en un momento determinado”. Cuestión que por un lado, era fruto de la Revolución Mexicana, la 1er Guerra Mundial, el avance industrial porfirista y la propuesta cultural vasconcelista; pero por el otro lado también era resultado del desgastado modernismo que llegaba a la cursilería y lamentablemente al apego institucional: “Mi locura no está en los presupuestos”.

Similar a lo anterior, los textos que presento, están rodeados por un contexto en el que fueron posibles. El acceso a internet, la lectura simultánea de anuncios, textos, videos y música, que en todo momento están enviando información distinta pero a la vez entrelazada, les dieron el espacio para ser; de igual forma lo fue un programa de edición de texto en una computadora, con la cual pude escribir, copiar, pegar, cambiar de lugar alguna palabra, alguna frase, buscar en internet un sinónimo o simplemente leer más sobre el tema abordado para adquirir más vocabulario. En suma y para rematar esta parte, no es duro mencionar, que los textos son atravesados por la reciente operación del corazón de mi padre y el comienzo del tratamiento para el cáncer en otro familiar mucho más cercano a mí, que duerme apenas cinco metros y una puerta más allá de donde ahora escribo.

Para abordar al público, tengo que mencionar que lo digo así y no digo lector, en primer instancia porque la poesía no radica en la escritura, como fue asumido por una gran parte de la humanidad tras la imprenta, y fortalecido con las máquinas de escribir, las computadoras y las impresoras. Lástima de los que sólo abordan a la poesía como literatura, como un manifiesto escrito, que deja de lado su carácter visual, sonoro y corporal, con los cuales nació. Las vanguardias trajeron a inicios del siglo pasado consciencia de ello. Tenemos el caso de la poesía visual con los caligramas de Apollinaire, de José Juan Tablada[5] o de Huidobro. A pesar de sus egos y defensas de ser iniciadores, ellos sólo visibilizaron algo que los griegos venían haciendo[6] y también los mexicas con los códices y los mayas con sus estelas. Explicado lo anterior, digo público porque el receptor puede captar el texto con la mirada o con el oído sin que el libro este presente, poder recibirlo con el cuerpo porque tal vez este sea parte del acto en que ocurra el poema, o tal vez el cielo que está sobre sí, no hay que olvidar a Raúl Zurita con su intervención en aire de New York[7] hace ya treintas y dos el pasado dos de junio. Entonces, el público es quien le da vida al texto en una gran porción, quien le asume para sí y al hacerlo lo devuelve al mundo del que lo recibió, pero ya como algo nuevo, como algo que recreo, que ayudo a parir junto con el contexto y el detonador.

Este último es precisamente el que por una voluntad propia, amarra los elementos hacia sí y los conjura, los provoca, les da de beber para que crezcan. Soy yo quien parado en un contexto y frente a un público, conocido o desconocido, presente o ausente, detona la obra, no la crea, la co-crea.

Al parecer fue necesario abundar en cada punto para explicar mi proceso creativo base. Ahora continúo rápidamente a falta de espacio, pero disculpándome por ello, ya que sin pretensión de faltar al respeto, tendré que tomar más de las tres cuartillas solicitadas.

Otro mecanismo empleado fue la escritura automática, declarada así por los surrealistas, para ejecutarse en estados mentales donde el inconsciente[8] tenía el papel central. Escribir sin mirar atrás dejando que el flujo se diera. Si bien, yo les canalicé y dirigí a partir de los temas que quise explorar, estos poemas emergieron para que eso que palpitaba dentro de mí tomará el cuerpo de algo, aunque fuera siquiera este ramaje de textos.

Hablo inicialmente de reescritura, porque es un volver a escribir algo que ya existía, tanto de forma escrita como sonora o sanguínea, qué tal escribir nuevamente, dar mi versión de la forma en que la sangre de mi padre recorre sus venas, qué tal reescribir los poemas que nos dan los venados al saltar por entre los bosques, qué tal reescribir a Pablo de Rokha en su llamarada de potros dolorosos y reescribir al apóstol Juan al hablar del amor que sembró su mesías en la tierra. Reescritura también de los poemas que he leído, de los que he escrito antes, reescritura de mi acta de nacimiento y mi credencial de elector.

Finalmente hablo de retrato, de volver a tratar algo que ya lo estaba; diferente a la reescritura, en el acto de re-tratar re-produzco ese algo que posó, a veces desnudo a veces con largas vestiduras, para la escritura. Ese algo fue la película “Imago Mortis” de Stefano Bessoni; fue la obra visual "Defying Gravity" de Kacper Kieć o “Artwork” de Raintree 1969; fue el estado de Facebook de un amigo[9] que no veo hace meses; fueron los elefantes de plástico que mi pareja trajo a casa y colocó cerca de mí para que me vigilasen.

Es así que con este recorrido ensayístico, manifiesto mi postura y procesos respecto a la escritura de los textos presentados. Si vale de algo, manifiesto con una biblia en una mano y una panque de chocolate en la otra, que es verdad todo lo antes escrito, a menos que como ya pasó antes, sea obra del Espíritu Santo.

*Texto reflexivo sobre obra propia para acreditar "Literatura de Vanguardia" en la UACM.



[1] Tonalli: ánima, composición del alma; Amoxtli: libro.
[2] Una postura al respecto puede verse en el manifiesto “La declamación dinámica y sinóptica” publicado el 11 de marzo de 1916 por Filippo Tommaso Marinetti; y una muestra de ello puede verse en la ópera de los futurista rusos “Victoria sobre el sol”  estrenada el 3 de diciembre de 1913.
[3] Aparece en 1916 en el Cabaret Voltaire en Zúrich, Suiza y llevado hacia 1922 en New York.
[4]Actual – No. 1, Hoja de Vanguardia, Comprimido Estridentista de Manuel Maples Arce, 1921, México.
[5] Este poeta mexicano fue el introductor de la vanguardia en México a partir de sus exploraciones con el Haikú y los caligramas. Por ejemplo están sus libros “Li po” y “El jarro de Flores”, todos disponibles en línea junto con toda su obra en el “Archivo José Juan Tablada-UNAM”: http://www.tablada.unam.mx/.
[6] Simmias de Rodas
[7] Documentado en video por Juan Dow-ney, ahora disponible e internet por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: https://www.youtube.com/watch?v=xyMY1ZAZsQM
[8] Sobre el tema está el “Primer manifiesto surrealista” dictado por André Breton en 1924.
[9] “Me deprime pensar el terminar de escribir el libro que le hago a Diego, merece algo más hermoso, y no hablo de otro libro o mil libros, sino de la obra escrita, tan inútil, tan limitada (…) A mis 28 años sólo puedo escribirte este libro que podrás leer en 5, 10, 30 años (…)”

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